Encontrar esos espacios donde realmente queremos quedarnos.
Espacios con los que comprometernos, no por deber, sino porque algo en el Alma reconoce que ahí hay Verdad.
Porque es ese compromiso el que, con el tiempo, nos regala profundidad.
Y la RESPIRACIÓN volvió a mi vida.
Después de 13 años, volvió…pero distinta.
No como antes, no desde la mente, no como técnica.
Sino como Medicina.
Hoy la miro con nuevos ojos. Con reverencia.
Me sigue asombrando este recurso tan simple y a la vez tan sagrado.
Ese gesto involuntario que nos sostiene vivos,
y que, cuando lo habitamos con Presencia,
activa la alquimia de la sanación.
Inhalar. Exhalar.
Tan básico. Tan poderoso.
Una magia escondida en lo cotidiano.
Mi intención de abrir espacios de transformación, liberación y sanación empieza a tomar una nueva forma.
Ya no empujo. Me dejo guiar.
Y me comprometo a sostenerme ahí,
porque algo me dice que es por acá.