La necesidad de salvar al otro, cuando ¨el otro¨ no existe.
Lo único que conozco son las ideas que tengo acerca de él.
Y acá viene la otra paradoja: mientras más profundizamos en el camino del autoconocimiento, más nos salimos de la necesidad de ayudar a los demás.
Porque ahí es justo cuando sucede el aprendizaje – cuando ya tenemos todas las herramientas, cuando estamos ¨listos¨…
Ahí finalmente reconocemos que esa necesidad es propia y que, lejos de ser un signo de espiritualidad, es el juicio que hicimos acerca del otro y sólo refuerza la ilusión de creer que sabemos más que la Vida.